
2026 en la mira: el calendario que pone a prueba la madurez de los partidos en Colombia

La carrera por la Casa de Nariño ya no es una expectativa lejana; es una realidad marcada por cronómetros y resoluciones judiciales. A medida que se acercan las consultas del 8 de marzo de 2026, los movimientos políticos en Colombia enfrentan un desafío que va más allá de los discursos: una gestión logística y jurídica que no admite errores.
Bajo la Resolución 1542 del Consejo Nacional Electoral (CNE), se ha trazado una hoja de ruta que obliga a las colectividades a abandonar la improvisación. Aquí analizamos los puntos neurálgicos de este proceso.
El reto de la tarjeta unificada: blindando el secreto del voto
Una de las novedades más significativas para esta jornada será el uso de una única tarjeta electoral para todas las consultas. Según el registrador Hernán Penagos, esta decisión no es caprichosa; busca proteger la privacidad del elector. Al evitar que el ciudadano pida una tarjeta específica de un partido, se impide que su tendencia ideológica quede expuesta ante los jurados y testigos, garantizando un ejercicio democrático más libre.

Fechas críticas que no dan tregua
El calendario impone plazos que actúan como un filtro natural para las aspiraciones políticas:
- 27 de enero de 2026: Vence el plazo para que los partidos entreguen al CNE las preguntas que quieren hacerle a la ciudadanía.
- 6 de febrero de 2026: Es el «Día D». El CNE debe haber aprobado las preguntas y, simultáneamente, se cierra el plazo para que los precandidatos oficialicen su postulación ante la Registraduría.
- Aspirantes por firmas: Para quienes buscan el aval ciudadano, el 17 de diciembre de 2025 marcó la frontera final para la entrega de apoyos, definiendo quiénes siguen en la contienda.
¿Madurez política o falta de acuerdos?
El sistema electoral colombiano ha dejado al descubierto las costuras de los partidos. Mientras algunos sectores llegan con mecanismos internos sólidos, otros muestran dificultades para conciliar intereses. Para analistas como Camilo Ignacio González, de la Universidad de los Andes, las consultas son un «arma de doble filo»: una participación masiva puede catapultar listas al Congreso —como ocurrió con el Pacto Histórico en 2022—, pero una consulta débil puede sepultar prematuramente las aspiraciones de toda una coalición.
Lo que viene: mesas técnicas
Para evitar traumatismos, la Registraduría Nacional iniciará mesas de trabajo con las organizaciones políticas. El objetivo es claro: que el 8 de marzo la logística esté a la altura de una jornada donde se decidirá, en gran medida, quién tendrá las llaves de la presidencia en la primera vuelta de mayo.


